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Limpiar mantener boquilla

Cómo limpiar y mantener la boquilla cuando empieza a extruir mal

Cómo limpiar y mantener la boquilla cuando empieza a extruir mal

La boquilla es la pieza por la que sale el plástico fundido, y es también la primera que avisa cuando algo va mal: la línea de abajo deja de ser uniforme, aparecen huecos entre perímetros, el relleno suena a clics del extrusor saltando pasos, o directamente la primera capa sale a tramos. Antes de desmontar nada, conviene entender qué ha pasado dentro, porque cada síntoma apunta a una causa distinta y el remedio no es el mismo.

Qué pasa dentro cuando empieza a extruir mal

Dentro de la boquilla hay un canal estrecho por el que el filamento, ya fundido, tiene que salir a un caudal constante. Ese canal se estropea por tres vías. La primera, restos de un material anterior que no se funden a la temperatura del material nuevo: si imprimiste PETG a 240 ºC y bajas a PLA a 200, los posos de PETG se quedan pegados en las paredes como una costra. La segunda, polvo, trozos de filamento quemado o aditivos que se carbonizan y forman grumos duros, sobre todo si la impresora pasa horas calentada sin extruir. Y la tercera, desgaste: con filamentos cargados de fibra, metal o fosforescentes el latón se come y el agujero deja de ser redondo.

Lo que notas por fuera depende de dónde esté el problema. Si la obstrucción está en la punta, el hilo sale fino, torcido o se riza hacia arriba al purgar en el aire. Si el tapón está más arriba, en la garganta o en la zona de transición entre frío y caliente, el extrusor cruje y el filamento se queda marcado por el engranaje. Si la boquilla está desgastada, el flujo parece correcto pero las paredes se ven lanudas y las medidas no cuadran.

Lo primero: descartar lo que no es la boquilla

Antes de meter mano, comprueba cosas que fingen ser un atasco. Un filamento húmedo chisporrotea al salir y deja la impresión áspera aunque la boquilla esté limpia; si lo tienes guardado al aire, mira cómo conservar el filamento para que no coja humedad y seca el que tengas abierto. Una cama mal reglada también imita un extrusor sucio: si la primera capa no pega, repasa el reglaje de la cama. Y una tensión floja del engranaje del extrusor hace clics que parecen obstrucción. Si todo eso está en orden y el fallo sigue, entonces sí, es la boquilla o la zona caliente.

Limpieza suave: el purgado en caliente

El primer intento, el que resuelve la mayoría de los casos, es un purgado abundante a temperatura alta. Calienta la boquilla al tope del rango del material que haya dentro, mete filamento a mano y empuja despacio. Lo que salga en los primeros centímetros suele ir con restos oscuros, bolitas o un hilo torcido; sigue empujando hasta que el chorro baje recto, brillante y de grosor constante. Si estás cambiando de un material a otro, aprovecha y purga con el nuevo hasta que no veas rastro del color anterior; en el cambio de filamento se explica el gesto completo.

Cuando la obstrucción es más terca, se usa el llamado tirón en frío. La idea: calientas hasta que el plástico esté blando, empujas un poco para que llene el canal, dejas que la boquilla baje a una temperatura a la que el material esté gomoso pero no duro, y tiras del filamento hacia arriba de golpe. El tapón sale pegado al tacón del hilo con la forma del interior de la boquilla. Las temperaturas exactas dependen del plástico; mira la ficha del filamento, porque PLA, PETG y nailon no se comportan igual.

Limpieza mecánica: aguja de latón y alambre fino

Si el purgado no basta, con la boquilla caliente puedes pasar por la punta una aguja de limpieza del diámetro adecuado. Ojo: la boquilla está a más de 200 ºC, no la toques con los dedos; trabaja con pinzas o guantes y aleja la cama y la mano. Es un alambre muy fino que viene con la mayoría de impresoras; entra por el agujero de salida y empuja hacia dentro el grumo que lo tapa, para que luego salga con un purgado. Hazlo sin forzar y recto: si lo doblas, se queda clavado y lo complicas. Usa solo la aguja de limpieza del diámetro justo, sin girarla ni forzarla; nada de brocas.

Por fuera, con la boquilla aún templada, un trapo de algodón o una esponja de latón retiran los goterones pegados al bisel. Esos goterones se arrastran a la primera capa y la ensucian aunque dentro todo esté bien.

Cuándo cambiar la boquilla en vez de limpiarla

Hay un punto en el que limpiar deja de servir. Si imprimes mucho con filamentos cargados (metal, fibra, fosforescentes), el agujero se agranda y se deforma; el flujo entonces es irregular aunque esté perfectamente despejado. Señales típicas: paredes con pelusa, cotas que no coinciden entre piezas iguales, exceso de material en los perímetros aunque el flujo esté bien calibrado. En esos casos cámbiala, y si vas a seguir con esos materiales, pon una de acero endurecido o con recubrimiento; dura mucho más, aunque conduce peor el calor y suele pedir temperaturas algo mayores. El tamaño del agujero también influye en qué puedes imprimir: si estás pensando en subir o bajar de diámetro, en tamaños de boquilla se detalla qué gana y qué pierde cada medida.

El montaje: dos detalles que estropean lo recién limpiado

Al roscar una boquilla nueva o al volver a montar la limpia, dos cosas importan. Una, apretarla en caliente: el latón y el bloque calefactor se dilatan de forma distinta, y si aprietas en frío, al calentar aparece una holgura por la que el plástico se cuela hacia arriba y acaba goteando por fuera del bloque, formando una bola negra que luego cae sobre la pieza. Dos, que la boquilla toque bien contra el tubo de PTFE o la garganta interior; si queda un hueco entre ambas, el filamento se estanca ahí, se cuece y da un atasco en pocas horas. Un apriete firme en caliente, con la boquilla ya tocando el tubo por dentro, resuelve ambas cosas.

Mantenimiento para no volver a estar aquí

  • No dejes la impresora calentada sin imprimir: el filamento parado en el canal se cuece y forma grumos.
  • Al terminar una tanda, purga unos centímetros del material que vas a usar la próxima vez, o retira el filamento y deja la zona vacía.
  • Si imprimes con cargas abrasivas, lleva la cuenta de las horas; es más barato cambiar la boquilla a tiempo que descubrir que llevas una semana imprimiendo con medidas mal.
  • Guarda el filamento cerrado y con desecante; el que ha cogido humedad ensucia la boquilla por dentro mucho más rápido.
  • Limpia los goterones del exterior cada pocas impresiones; es un gesto de un minuto que evita manchas en la primera capa.

Si al limpiar aparecen problemas que no son del extrusor, como piezas que se levantan por las esquinas, el origen suele estar en la cama y la primera capa; en por qué se despega una pieza está el detalle. Y si valoras pasarte a resina para piezas pequeñas con detalle fino, en la comparación entre FDM y resina se explica qué pide cada una a cambio.

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